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La deuda está robando el futuro de las niñas: Un llamado conjunto a la acción

Lee la declaración en idioma original aquí

Cuando los gobiernos se ven obligados a destinar más recursos al pago de la deuda que a las necesidades de su población, son las niñas quienes terminan pagando el precio más alto. Debemos reformar los sistemas de deuda disfuncionales y priorizar las necesidades de las adolescentes por encima de los intereses de los acreedores.— Malala Yousafzai

La crisis de la deuda está robando el futuro de las niñas, y exigimos que se tomen medidas. Somos niñas, jóvenes líderes y aliadas de los derechos de las niñas de todo el mundo, y hacemos un llamado a los gobiernos, las instituciones financieras internacionales, los acreedores privados y los gobiernos acreedores, en particular los del G20, para que pongan fin al daño que la deuda causa a las niñas y reformulen las reglas en colaboración con ellas.

Más del 40% de la población mundial vive en países que destinan más recursos al pago de intereses de la deuda que a la salud o la educación. En los 10 países donde las niñas enfrentan las mayores barreras para acceder a la educación, se gasta cuatro veces más en el pago de la deuda que en educación. A medida que los gobiernos recortan servicios esenciales para satisfacer a los acreedores, las adolescentes se ven privadas de acceso a la educación y los servicios de salud, así como a las protecciones adicionales que estos servicios ofrecen, atrapándolas en un círculo vicioso de vulnerabilidad y exclusión.

La austeridad impulsada por la deuda está convirtiendo los 12 años de educación gratuita, segura y de calidad en un lujo al que pocos pueden acceder. Las niñas son las primeras en perder, ya que sus familias enfrentan dificultades para afrontar los costos escolares. El aumento de los impuestos sobre productos menstruales y los recortes en el apoyo a la salud menstrual en las escuelas evitan que las niñas asistan a clases durante sus periodos, lo que incrementa el riesgo de abandono escolar. Las escuelas carecen de los recursos necesarios para ofrecer materias vitales como la educación sobre salud y derechos sexuales y reproductivos, que podrían empoderarlas y reducir la desigualdad de género.

Los recortes en los servicios de salud y sociales obligan a las adolescentes a ocupar el vacío que queda en el cuidado, alejándolas de la educación y las oportunidades. Las niñas embarazadas o que son madres enfrentan riesgos aún mayores, ya que las clínicas se quedan sin personal o cierran sus puertas. Las niñas que enfrentan múltiples desventajas — como discapacidad, raza o desplazamiento— pagan un precio aún mayor, ya que los programas especializados o inclusivos son recortados.

A medida que los gobiernos siguen priorizando los pagos de la deuda —incluso cuando responden a emergencias como crisis climáticas o conflictos—, la pobreza y la inseguridad aumentan, empujando a las familias hacia estrategias de supervivencia perjudiciales como el matrimonio infantil y la explotación. A medida que los gobiernos invierten menos en educación y otras protecciones sociales, más niñas quedan atrapadas en círculos de exclusión económica y vulnerabilidad.

La educación no debe considerarse un gasto familiar; para niñas como yo, la educación es el principal camino hacia la seguridad y la independencia – Saira, estudiante de secundaria en Pakistán

La deuda pone en riesgo a las niñas, les roba sus sueños y la facultad de forjar su propio futuro

Los gobiernos, las instituciones y los acreedores privados que toman las decisiones sobre la deuda no solo no están respondiendo a las necesidades de las niñas, sino que están reforzando sistemas que les perjudican. Además, niegan su liderazgo en espacios globales clave, como los debates del G20 y de la ONU –incluida la COP–, así como en las negociaciones formales sobre la deuda.

Cuando los recursos llegan a las niñas que más los necesitan, no solo eliminamos barreras, como el costo de las toallas sanitarias, sino que también creamos un entorno en el que todas las niñas pueden permanecer en la escuela, aprender y prosperar – Sa’adatu Saidu Idris, activista por la educación de las niñas en Nigeria

Somos una alianza comprometida con los derechos de las niñas, apoyándolas como derechohabientes y líderes en la lucha por la justicia en materia de deuda. Juntos, impulsaremos reformas globales sobre la deuda que:

  1. Pongan fin de inmediato a los daños causados por la deuda. Los acreedores, incluido el FMI, también deben poner fin a las condiciones y presiones sobre los gobiernos para que recorten servicios esenciales. Estas medidas de austeridad privan a las niñas de sus derechos, las exponen a sufrir daños y les roban su futuro.
  2. Cierren la brecha de financiación de los derechos de las niñas. La reforma del injusto Sistema de deuda, junto con normas de financiación internacional más justas, puede liberar los miles de millones de dólares necesarios para las niñas y el desarrollo social. Limitar los pagos de la deuda al 10 % de los ingresos nacionales liberaría 506 000 millones de dólares para ser dirigidos a educación en cinco años. Los gobiernos deben garantizar un presupuesto y legislación eficientes y sensibles al género a nivel nacional de modo que los fondos se canalicen de forma adecuada para garantizar los derechos de las niñas.
  3. Garantice que las niñas y mujeres jóvenes sea incluidas en espacios de toma de decisiones sobre la deuda de forma sistemática. Las niñas y mujeres jóvenes deben ser reconocidas como derechohabientes y como expertas en la toma de decisiones sobre la deuda y los procesos políticos. Los gobiernos, las instituciones financieras internacionales y las entidades crediticias deben priorizar la participación y el compromiso significativo de las niñas, asegurando que se les escuche y que los responsables de las decisiones en materia de la deuda respondan de forma eficaz.
  4. Establezcan salvaguardias eficaces en los marcos de deuda para evitar más daños o exclusión. Las instituciones financieras internacionales, los acreedores gubernamentales y privados y las agencias de clasificación crediticia deben reformar los mecanismos básicos del sistema de deuda mundial. Los procesos de toma de decisiones sobre la deuda, los marcos, los acuerdos y las herramientas de análisis de calificación crediticia deben revisarse para comprender y responder eficazmente a los derechos, las necesidades y las prioridades de las niñas en el contexto de la deuda.

Los cambios que necesitamos:

  • Los líderes del G20 deben acordar reformas al Marco Común del G20 para el Tratamiento de la Deuda, con el fin de ofrecer un alivio más profundo y rápido, con plazos determinados, suspendiendo el servicio de la deuda para todos los prestatarios durante la restructuración y sentando un nuevo precedente, que priorice los derechos de las niñas.
  • Las instituciones financieras internacionales y todos los acreedores deben cesar inmediatamente la imposición de medidas de austeridad a los gobiernos de bajos ingresos, suspender automáticamente los pagos de la deuda durante las crisis y reestructurar y limitar el servicio de la deuda al 10 % de los ingresos nacionales. Los acreedores deben salvaguardar el gasto social y apoyar el avance de la presupuestación con perspectiva de género, en consonancia con la Agenda de Acción de Addis Abeba y el Compromiso de Sevilla. Además, deben crearse consejos consultivos permanentes de la juventud y la sociedad civil. Todas las deudas insostenibles e ilegítimas deben ser canceladas.
  • El FMI y el Banco Mundial deben reformar las metodologías de sostenibilidad de la deuda para reflejar mejor la capacidad de los países de cumplir con los objetivos en materia de derechos humanos, igualdad de género y cambio climático. Las unidades de género de estas instituciones deben recibir financiación adecuada y estar debidamente facultadas. El FMI debe revisar su política de “mínimos de gasto social” para armonizar los derechos de las niñas con las normas globales de protección social, basando estos mínimos en las estrategias nacionales de desarrollo y convirtiéndolos en compromisos trasparentes y basados en resultados que promueven alternativas a la austeridad.
  • Los gobiernos deben acordar una nueva Convención Marco de las Naciones Unidas sobre la Deuda Soberana que promueva los derechos humanos, la transparencia y la rendición de cuentas, con la participación significativa de niñas y mujeres jóvenes líderes en el diseño, la implementación y la supervisión, a través de la participación de la sociedad civil y los Estados miembros.
  • Los gobiernos nacionales, incluidos los más endeudados, deben cumplir compromisos con las niñas a través de los Objetivos de Desarrollo sostenible, la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing y el marco internacional de derechos humanos. Los gobiernos deben: – Dar prioridad al gasto público, la economía del cuidado y la presupuestación con perspectiva de género, de modo que los recursos procedentes del alivio de la deuda se destinen directamente a garantizar los derechos y las prioridades de las niñas. – Institucionalizar la participación de la sociedad civil y garantizar una representación efectiva de las niñas y las mujeres jóvenes.
  • Los legisladores de los principales centros financieros deben promulgar leyes que obliguen a los acreedores privados a participar en el alivio de la deuda en igualdad de condiciones y prohíban los “litigios abusivos”, es decir, aquellas demandas judiciales cuyo objetivo es obtener ventajas injustas en lugar de buscar verdaderamente la justicia.
  • Los bancos multilaterales de desarrollo y los gobiernos acreedores deben ampliar la financiación mediante subvenciones a iniciativas dirigidas por niñas y centradas en ellas, proporcionando fondos flexibles y a largo plazo que cubran los gastos básicos y fomenten el liderazgo de las niñas.
  • Las agencias de calificación crediticia deben revisar sus metodologías para tener en cuenta las inversiones en desarrollo sostenible, incluidos los derechos de las niñas, y reflejar de manera positiva los beneficios de sostenibilidad de las reestructuraciones y los tratamientos voluntarios. Estos deben ser publicados. A largo plazo, los gobiernos deben promover la creación de una agencia de calificación crediticia pública mundial para fomentar evaluaciones justas y responsables que consideren las cuestiones de género.

La justicia de la deuda es justicia para las niñas. Únanse a nosotros para reescribir las reglas con las niñas. Firma el posicionamiento aquí

Nota: Esta declaración ha sido redactada por Malala Fund en conjunto con once jóvenes líderes extraordinarias de distintos lugares del mundo y cuenta con las aportaciones de más de veinte aliados, incluidos jóvenes líderes. Para obtener más información póngase en contacto con carron@malalafund.org

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