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La Ayuda Oficial al Desarrollo cayó un 23% en términos reales en 2025: la mayor caída de la historia

El retroceso de la cooperación internacional es alarmante La Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) registró una caída anual histórica (-23% entre 2024 y 2025, según las cifras de OCDE), lo cual muestra no solo el poco interés por parte de los donantes en cumplir con los compromisos internacionales respecto a la ayuda -solo 4 países donantes han alcanzado o superado la meta del 0,7% del INB en 2025, y en conjunto esta proporción cayó de 0,34% al 0,26%-, sino que también representa una señal política preocupante sobre las prioridades globales.

Las inmensas cantidades de recursos destinados a financiar la guerra, contrastan con esta nueva caída de la AOD, que se da por segundo año consecutivo, y demuestra que el dinero siempre ha existido, solo que emerge o se redirecciona cuando les resulta conveniente a los que tienen el poder económico y financiero.

No solo se ha reportado la caída de la ayuda en todas sus formas hacia los países receptores, sino que también hubo una reducción de 27% en los aportes centrales al sistema de Naciones Unidas (destacando los EE.UU. con un recorte del 87%), lo cual refleja que la crisis del multilateralismo está más que presente, afectando directamente la capacidad de respuesta coordinada frente a desafíos globales como el cambio climático, las crisis sanitarias, las crisis humanitarias, o el sostenimiento de procesos como el de Financiamiento para el Desarrollo. Este recorte contrasta con el incremento en los aportes de los países donantes a entidades financieras multilaterales, como el Banco Mundial y los bancos regionales de desarrollo.

Las proyecciones no son nada alentadoras y se espera que la AOD continúe esa tendencia negativa hasta el 2028 por lo menos, afectando las posibilidades de lograr los ODS en los países en desarrollo, los que cada vez más presentan necesidades de financiamiento enormes debido a las múltiples crisis que atraviesan.

La cooperación internacional al desarrollo va más allá del compromiso y la solidaridad, es la responsabilidad de los países desarrollados con los países en vías de desarrollo en el marco de una deuda histórica y una arquitectura financiera global que ha beneficiado más a los primeros.

La cooperación internacional debería regirse por políticas claras y equitativas, así como considerar las particularidades de los países de ingreso medio, como los de América Latina y el Caribe, que presentan diversas vulnerabilidades y son plausibles destinatarios de ayuda. La AOD en la región latinoamericana ha financiado proyectos de reducción de pobreza y desigualdades que de otro modo no habrían sido factibles de financiarse con los ingresos propios de los países y con recursos del sector privado. Bajo los criterios con los que fue creada, aunque en una escala inferior a la comprometida, la AOD es un tipo de recurso único.

La implementación de una Convención Marco en Naciones Unidas sobre la cooperación internacional sería un primer paso hacia un mejor sistema, que permita no solo incrementar los recursos, sino que estos se distribuyan de la mejor manera, sin generar mayor endeudamiento y estén dirigidos hacia los sectores prioritarios de los países receptores.    

* Análisis realizado por Rodolfo Bejarano, economista senior de Nueva Arquitectura Financiera.

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