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Entre la crisis y la esperanza: las rutas de transformación que se discuten en Colombia

German Niño – Latindadd

Hoy los horrores de la guerra tiñen nuestros días, ensordeciendo y confundiendo los pensamientos y los corazones. Son tiempos difíciles, sin duda, que nos obligan a afinar nuestros sentidos en búsqueda de la esperanza, de las luces al final del túnel.

En esta tarea tuvimos la oportunidad de asistir, entre el 21 al 28 de febrero, en Cartagena, Colombia, a la realización de dos eventos que están señalando una ruta en estos tiempos difíciles.

El primero de ellos fue el Encuentro Internacional de Economías para la Vida -Ecoovida 2026, que, bajo el lema de “Solidaridad para sembrar la vida”, inspiro a delegaciones nacionales e internacionales a acordar una agenda común para enfrentar la pobreza, la desigualdad y la crisis climática. Bajo la idea de una plataforma global de articulación para promover justicia social, soberanía alimentaria y modelos de desarrollo centrados en la vida, al tiempo se instó a los Estados y al sistema interestatal a reconocer y fortalecer la economía social, solidaria, popular y comunitaria como eje transversal de la construcción de nuevos paradigmas.

Estos propósitos coinciden con la resolución de Naciones Unidas de diciembre de 2024, en la que se reconoce a las economías transformadoras como el modelo clave para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), porque estas, en sus propias palabras, “sitúan a las personas y al planeta por encima del capital, impulsando la igualdad de género, el trabajo decente y la sostenibilidad. Su alineación con los 17 ODS resulta central en la erradicación de la pobreza, reducir la sostenibilidad y garantizar la sostenibilidad ambiental”.

A esta afirmación se suma lo expresado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en el sentido de reconocer que las Economías Transformadoras promueven el trabajo decente y del cuidado, contribuyen a la transición del empleo informal al formal, lo que resulta fundamental, y son clave en la provisión de cuidados de calidad. Coinciden así con las Naciones Unidas en reconocer que es una hoja de ruta esencial para una recuperación económica inclusiva y resiliente.

Ahora bien, la novedad que nos plantea Ecoovida 2026 está en su propósito de reconocer, como quedó explícito en su declaración, que:

“Las múltiples crisis que atraviesan nuestros territorios — agraria, alimentaria, climática, social y económica — son el resultado de modelos de desarrollo de carácter colonial, extractivista y excluyente, que han concentrado la tierra, el agua, los mercados y el poder, profundizando la pobreza, la desigualdad y la vulneración de derechos en el mundo rural. Frente a ello, afirmamos que no es posible una reforma agraria ni desarrollo rural sostenible sin justicia social, soberanía alimentaria, protección de los bienes comunes y fortalecimiento de las economías para la vida.”

La declaración finaliza haciendo “Un llamado a la ICARRD+20 para que incorpore de manera efectiva las voces, propuestas y experiencias de los movimientos sociales y solidarios, y para que la reforma agraria y el desarrollo rural se conciban como procesos integrales, participativos y territorializados, basados en la economía social, solidaria, popular y comunitaria, la equidad de género, enfoques diferenciales, el respeto por la diversidad cultural y la sostenibilidad ambiental.

Este llamado nos sitúa en el segundo evento: la II Conferencia Internacional de Reforma Agraria y Desarrollo Rural (ICARRD+20), convocada por Naciones Unidas y albergada por Colombia. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) esta conferencia “Representa una oportunidad internacional para impulsar procesos integrales que aborden el acceso a la tierra y su tenencia segura, el uso sostenible del suelo, el ordenamiento territorial y el fortalecimiento de los sistemas agroalimentarios. Este enfoque promueve la equidad social, la sostenibilidad ambiental y el reconocimiento de las comunidades rurales como actores fundamentales en la producción de alimentos y la gestión territorial, teniendo en el centro la desigualdad estructural en la tierra como un desafío mundial”.

Desde la realización de la primera conferencia, en Brasil, hace veinte años, han crecido la concentración de la propiedad de la tierra, la desigualdad, la pobreza y la crisis climática.

La conferencia convocó a 843 participantes internacionales de 102 países y 3.509 participantes nacionales provenientes de 359 municipios, consolidándose como uno de los encuentros globales más amplios en materia de reforma agraria.

Con la ICARRD+20, Colombia se posiciona como un país convocante del debate global sobre desarrollo rural, reafirmando que avanzar hacia sistemas agroalimentarios sostenibles y equitativos requiere transformar las condiciones estructurales del campo y reconocer el papel central de quienes habitan y trabajan en los territorios rurales. 

En ese marco, se firmó el Pacto Nacional por la implementación de la Reforma Agraria y Acuaria estructural Integral y Popular, suscrito por mujeres y hombres del movimiento colombiano junto con el gobierno, que reconoce integralmente el mandato de las comunidades campesinas, los Pueblos Indígenas y los pueblos negros, afrocolombianos, raizales y palenqueros en la transformación estructural del país.

Estos hechos ya nos presentan una interesante conjunción entre las economías transformadoras y, en este caso, la reforma agraria y el desarrollo rural, permitiéndonos pensar que, más que una suma de eventos, estamos asistiendo a un proceso de alta complejidad.

El tercer momento clave tendrá lugar en la ciudad de Santa Marta Colombia, esta vez el Gobierno de Colombia, en coorganización con el Reino de los Países Bajos, realizará del 24 al 29 de abril la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, un espacio de alto nivel orientado a construir rutas concretas hacia economías descarbonizadas y acelerar la transición energética global, acción enmarcada  en el proceso de construcción de consensos internacionales para el cumplimiento de los compromisos globales de mitigación del cambio climático

Recordemos que la evidencia científica advierte que el planeta enfrenta riesgos irreversibles si no se acelera la reducción de emisiones. Actualmente, los combustibles fósiles son responsables de más del 75 % de los gases de efecto invernadero a nivel global, lo que profundiza la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y la contaminación.

Por último, cerramos estas reflexiones con la siguiente idea: sin duda estamos en una conjunción de tiempos. Los tiempos de la guerra, que pone en juego nuestras más profundas convicciones como seres humanos; los tiempos de la complejidad, que desafían nuestros marcos de análisis y comprensión de la realidad que vivimos; y los tiempos de la esperanza, que impulsan la transformación integral de nuestro papel sobre el planeta y nos permite afirmar que, sin justicia territorial no puede haber paz sostenible, ni desarrollo con justicia social, ni una acción climática que realmente funcione.

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