En el marco de un homenaje a sus 36 años de trayectoria, el analista colombiano Enrique Daza advirtió sobre la «fragilidad estructural» de América Latina frente a la reconfiguración del orden global. Junto a un panel de expertos internacionales, el evento puso bajo la lupa el agotamiento del modelo exportador de materias primas, la pérdida de hegemonía de Estados Unidos y el desafío de construir una autonomía regional más allá de la retórica ideológica en un mundo dominado por nuevas potencias y crisis sistémicas.
América Latina y el Caribe está encarando los cambios del escenario mundial desde una situación frágil, con divisiones políticas internas, alta dependencia económica y sin capacidad para actuar como un bloque con peso propio en el nuevo orden internacional, afirmó Enrique Daza, director de Cedetrabajo (Colombia), durante la conferencia magistral “Retos de América Latina y el Caribe en un mundo cambiante”, organizada por Latindadd, la Red de Justicia Fiscal ALC y Cedetrabajo. Este encuentro fue también una ocasión para reconocer su trayectoria intelectual y su trabajo sostenido al frente de su organización.
Psicólogo de formación y fundador de Cedetrabajo, Enrique Daza lideró la institución durante 36 años, consolidándola como un espacio de reflexión crítica sobre política económica y de apoyo a organizaciones sociales, sindicales y gremiales. Su trabajo ha estado estrechamente vinculado a los debates latinoamericanos sobre libre comercio, industrialización y desarrollo. Es columnista de la revista Las 2 Orillas y analista en temas de política económica y geopolítica.
Un mundo en reconfiguración y una región frágil
El evento fue moderado por Carlos Bedoya, coordinador de Latindadd, quien planteó dos interrogantes centrales para abrir el diálogo: si el escenario actual significa realmente el fin de la hegemonía estadounidense o, más bien, una reconfiguración más compleja del orden global; y qué margen tiene América Latina y el Caribe para actuar con autonomía en esta transición geopolítica, en un contexto de crisis climática y crecientes tensiones bélicas.
En ese marco, se discutió el debilitamiento relativo de Estados Unidos, el ascenso de China como potencia industrial y comercial, y el resurgimiento de Rusia como actor militar y geopolítico. Sin embargo, más allá del reacomodo entre grandes potencias, la preocupación central fue la posición que ocupa América Latina en ese escenario: una región sin integración efectiva, con economías básicamente exportadoras de materias primas y con instituciones políticas frágiles.
En su exposición, Daza planteó que el mundo cambiante se caracteriza por tres fenómenos: la pérdida relativa de influencia global de Estados Unidos, marcada por su desindustrialización y financiarización; el ascenso de China como “la fábrica del mundo”; y el reposicionamiento de Rusia como potencia militar.
Frente a ese contexto, sostuvo que América Latina no ha logrado consolidarse como sujeto geopolítico. “América Latina como sujeto unificado es equivocado, porque no existe una realidad en la cual pueda tener un protagonismo propio, autónomo”, señaló. A su juicio, la región no ha superado la trampa del subdesarrollo: continúa dependiendo de la exportación de materias primas, del endeudamiento externo y de la inversión extranjera.
Uno de los puntos más críticos de su intervención fue la evaluación de los llamados gobiernos progresistas. Según Daza, estos no lograron transformar las estructuras productivas ni romper con su inserción subordinada en la economía mundial. “La equivocación o uno de los límites que ha tenido América Latina es pensar que la sola ideología o la retórica de izquierda puede darle un papel que no tuvo como producto de su desarrollo económico y social”, señaló.
También advirtió sobre la debilidad del tejido social, la pérdida de protagonismo de movimientos sindicales e indígenas, la ausencia de un empresariado con proyecto nacional y la fragilidad institucional. Además, resaltó que el desafío es estructural: reindustrialización, diversificación productiva y construcción de capacidades tecnológicas propias.
Voces del panel: matices, debates y proyecciones
El panel contó con la participación de Alejandro Villamar, integrante de la Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (REMALC); Graciela Rodríguez, de la Red Brasileña para la Integración de los Pueblos (REBRIP); Ariela Ruiz Caro, economista peruana especialista en integración regional; Gonzalo Berrón, investigador de Transnational Institute; y Jorge Coronado, de la Comisión Nacional de Enlace de Costa Rica (CNE).
Alejandro Villamar alertó de la necesidad de no reducir el análisis a una lectura exclusivamente económica. “Es muy difícil metodológicamente tratar de entender América Latina a partir de una homogeneidad que en realidad es más cultural que política o económica”, indicó. Destacó también la emergencia de nuevos polos políticos globales, como los países no alineados y el bloque BRICS, y la importancia de comprender los procesos históricos en perspectiva de largo plazo.
Graciela Rodríguez enfatizó un aspecto menos abordado en el debate: los cambios en las subjetividades fomentados por el capitalismo. Alertó sobre el poder de las tecnologías digitales y las grandes plataformas para moldear subjetividades y debilitar el tejido social, señalando que el capitalismo contemporáneo no solo reconfigura la economía, sino también las sensibilidades y culturas políticas. “No hemos sabido ver cómo el capitalismo iba haciendo sus cambios en la cultura de la masa (…) Hemos fallado en producir cambios subjetivos. El capitalismo lo está haciendo: producir subjetividades anestesiadas”, puntualizó. Ariela Ruiz Caro, por su parte, brindó una mirada sobre la crisis interna de Estados Unidos y la pérdida de centralidad del dólar. “Estados Unidos no es respetado, hace uso de la fuerza y de la fuerza bruta”, afirmó al referirse a la política exterior estadounidense reciente. A su juicio, el fin de la hegemonía estadounidense y la reconfiguración del orden global no son procesos simultáneos, y América Latina enfrenta crecientes restricciones a su autonomía.
Por otro lado, Gonzalo Berrón resaltó que la coyuntura descrita por Daza es efectivamente difícil, pero insistió en que se trata también de un momento de transición y que estos pueden ser oportunidades también. “Hace 50 o 60 años que se desarrollaron las últimas teorías de autonomía; hoy no hay pensamiento autónomo que diga qué lugar ocupamos en esta transformación del capitalismo”, afirmó, enfatizando la necesidad de construir una teoría del desarrollo propia, y tejer alianzas con África y Asia que permitan disputar la inserción subordinada de la región en el orden multipolar.
Finalmente, Jorge Coronado señaló que la novedad en el escenario regional radica en el fenómeno Trump y las derechas trumpistas latinoamericanas con “vocación de vasallaje”, lo que profundiza la subordinación frente a Estados Unidos. “Nos volvimos a convertir en la reserva estratégica de materias primas, de tierras raras y de minerales”, sentenció. Propuso resistir recomponiendo alianzas en el Sur global y reconstruir una narrativa emancipatoria capaz de disputar el sentido común dominante.
En un contexto de transición geopolítica acelerada, crisis climática y disputas por recursos estratégicos, los planteamientos de Enrique Daza ofrecieron puntos de referencia para entender por qué América Latina continúa ocupando un lugar subordinado en la economía mundial y cuáles serían los desafíos para revertir esa posición.


