La arquitectura internacional de la deuda suele presentar la sostenibilidad como un asunto técnico: que los países puedan pagar sus obligaciones presentes y futuras sin caer en default. Sin embargo, detrás de esos cálculos existen decisiones políticas sobre quién asume los costos del endeudamiento, de los ajustes fiscales y de las crisis económicas.
Cuando la prioridad es garantizar el pago de la deuda, las medidas de austeridad tienden a reducir el rol del Estado en áreas fundamentales como salud, educación, protección social y cuidados. Esto desplaza responsabilidades hacia los hogares y recarga especialmente a las mujeres, quienes sostienen gran parte del trabajo no remunerado que permite la reproducción cotidiana de la vida.
Los Análisis de Sostenibilidad de la Deuda y las reglas fiscales no son neutrales frente a las desigualdades de género. Al privilegiar recortes, techos de gasto y superávits primarios, limitan la capacidad de los Estados para financiar políticas que garanticen derechos, reduzcan brechas y fortalezcan los sistemas de cuidados. Además, suelen considerar la inversión en infraestructura física como prioritaria, mientras relegan la inversión social y de cuidados.
Te invitamos a leer nuestro artículo, que analiza las tensiones entre la sostenibilidad de la deuda y la sostenibilidad de la vida desde una mirada feminista. La publicación muestra cómo la arquitectura internacional de la deuda protege los intereses del capital y de los acreedores, mientras descarga sus riesgos sobre los hogares, los cuerpos y el trabajo de las mujeres.



