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América Latina y el Caribe después de la pandemia: endeudada, vulnerable y desigual

Abril, 2023

La reciente actualización del Atlas de Vulnerabilidades de América Latina y el Caribe (ALC), que ahora tiene una cobertura para 26 países, refleja la multidimensionalidad de los problemas (estructurales) que se han profundizado en medio de la crisis económica, sanitaria, social y climática. Los datos e indicadores presentados allí evidencian que, a pesar de los diferenciados y heterogéneos esfuerzos fiscales implementados por los Estados -que han llevado a un preocupante aumento de la deuda pública-, la región ha sufrido retrocesos importantes en diversos ámbitos. Esta situación, en muchos casos, no ha recuperado todavía los niveles previos a la pandemia. Si bien existen distintos análisis y miradas, las siguientes figuras permiten obtener un panorama de los desafíos más urgentes: la deuda, los impactos del cambio climático, la (in)seguridad alimentaria, las brechas y dificultades adicionales que enfrentan las mujeres, y la pobreza.

Crece la deuda y aumentan los riesgos en un contexto financiero adverso

El crecimiento de la deuda ha sido, en promedio, de 11 puntos porcentuales del PIB entre 2019 y 2021, llegando a situarse alrededor de 65,6% del PIB (gobiernos centrales únicamente). En medio del alza de tasas de interés a nivel internacional, esta situación de traduce en mayor pago por servicio de la deuda y reducción de los recursos públicos disponibles para otros fines. Actualmente, América Latina y el Caribe (ALC) es una de las regiones que tiene uno de los niveles más altos entre las regiones emergentes y en desarrollo por concepto del pago de su deuda.

El Atlas de Vulnerabilidades también revela el reducido espacio fiscal y mayores necesidades de financiamiento, que junto al aumento de la deuda y a un mayor costo, disminuyen la capacidad de atender con rapidez y efectividad las prioridades y necesidades más urgentes. La perspectiva se torna más crítica tomando en cuenta las medidas de austeridad que se esperan para este y los siguientes años.

Vulnerabilidad y resiliencia climática en América Latina y el Caribe

La deuda se convierte en una restricción en la capacidad de respuesta climática para países como los de ALC, que no sólo son más vulnerables a los impactos de la crisis climática, sino que esta condición encarece su deuda. Ante sus impactos, los países recurren a nuevo endeudamiento, generando un ciclo repetido entre la deuda y el clima, problemas simultáneos difíciles de resolver ante la crisis climática actual. Como revela el Índice de la Iniciativa de Adaptación Global de Notre Dame (ND-GAIN, por sus siglas en inglés), los países de la región tienen una valoración promedio de 46,9 en una escala de 0 a 100, donde un valor más alto es preferible. Todos ellos están por debajo del promedio de los países de la OCDE (64,2). A menor valor del índice, mayor vulnerabilidad climática y menor capacidad de respuesta.

La inflación permanecerá elevada empeorando la inseguridad alimentaria en la región

Por otro lado, la crisis climática sumada a los efectos de la pandemia, la guerra y los cortes en las cadenas de suministro han aumentado la presión sobre el nivel de precios, especialmente de alimentos y energía, que aún continúan elevados. Entre los efectos más visibles se encuentra el aumento importante de la inseguridad alimentaria que, además, se propaga de forma desigual entre los hogares con menores recursos. La región no ha estado exenta de ello y los datos para 2021 muestran que 38,8% de la población se encuentra en condición de inseguridad alimentaria moderada o grave, superior al 26,8% que se observaba cinco años atrás.

Brechas de género difíciles de superar

Las mujeres son más afectadas por los eventos climáticos y la inseguridad alimentaria, entre las razones, se encuentran las condiciones económicas respecto a sus pares hombres. Por ejemplo, la inseguridad alimentaria afecta desproporcionadamente a los hogares que viven en pobreza, pues destinan la mayor parte de sus ingresos al consumo de alimentos, ingresos que se vieron afectados por la pandemia y después por la inflación. En este grupo, las mujeres están sobrerrepresentadas. Actualmente, por cada 100 hombres en pobreza, existen 123 mujeres en la misma situación. Por otra parte, las brechas de desempleo han aumentado con la pandemia y ligeramente en 2021, llegando en promedio a 3,4 puntos porcentuales de desempleo más alto para las mujeres que para los hombres.

De acuerdo a los últimos datos disponibles, la proporción de mujeres mayores de 15 años que no tienen ingresos propios en la región es de 28,6% en promedio, convirtiéndolas en un grupo aún más vulnerable no sólo desde el punto de vista socio-económico, sino también porque aumenta la probabilidad de sufrir violencia en el hogar.

Finalmente, en relación al endeudamiento privado, el 40% de las mujeres mayores de 15 años en ALC se han prestado dinero para algún propósito en 2021, y 17% de mujeres lo ha hecho para temas de salud y atención médica. Este último tipo de préstamo ha crecido en 11 puntos porcentuales respecto a 2017 para el caso de las mujeres, prácticamente el doble respecto al aumento en el endeudamiento por salud de los varones.

La pobreza es uno de los rostros más visible de las crisis

Finalmente, como se esperaba, uno de los retrocesos más acelerado fue el incremento de la pobreza y pobreza extrema en la región. Entre las causas está la reducción de ingresos de los hogares que se dio en dos momentos consecutivos. Por un lado, a partir de la crisis sanitaria y las políticas de aislamiento -que perjudicaron en mayor medida a los sectores informales-, las familias más vulnerables vieron reducidos sus ingresos de forma significativa. A continuación, los incrementos en los precios y de los costos de vida, también disminuyeron los ingresos en términos reales, dificultando la recuperación de la población situada en los estratos de ingreso más bajos.

La pregunta es cómo recuperar el terreno perdido y, a la vez, facilitar las condiciones para una recuperación en los frentes social, climático y económico reduciendo las desigualdades estructurales que se asientan entre y al interior de los países. Para ello, es crucial que los Estados puedan disponer de recursos y acceso a financiamiento en términos sumamente favorables, así como nuevas fuentes de recursos internacionales libres de deuda y condicionalidades, independientemente de la clasificación de ingreso per cápita a la que pertenezcan. Los países de la región son un reflejo de que el anterior es un criterio insuficiente. Es necesario tener en cuenta todas las características que definen la situación de un país en sus múltiples dimensiones y vulnerabilidades.

*Para conocer más sobre el Atlas de Vulnerabilidades de América Latina y el Caribe (ALC), un esfuerzo conjunto de LATINDADD y Jubilee USA, puede acceder aquí y encontrar el mapa interactivo, una serie de recursos escritos y visuales, así como la base de datos que contiene información de alrededor de 60 indicadores para 26 países de la región. ¡Visítanos!