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Justicia Fiscal

Los sistemas tributarios y su papel en la promoción del desarrollo igualitario para todos y todas

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Por: Klelia Guerrero García

Especialista en Género y Justicia Fiscal en la Red Latinoamericana por la Justicia Social y Económica – Latindadd

Para que el mundo alcance realidades justas, efectivas, transparentes e inclusivas, es urgente y esencial que dichos principios también dirijan los mecanismos y marcos regulatorios internacionales de cooperación tributaria. En medio de la policrisis que la humanidad viene enfrentando, es momento de reconocer el impacto de los sistemas tributarios (y los recursos resultantes) para lograr la justicia en todas sus dimensiones: económica, social, política, cultural, racial y ambiental, entre otras.

La justicia de género no es la excepción. El mundo lo reconoció cuando se planteó el ODS 5, pero ha hecho poco para lograrlo. La fecha límite oficial es 2030, pero al ritmo actual de “progreso” de cumplimento de estos objetivos, nos llevará 286 años cerrar las actuales brechas de protección legal, así como eliminar las leyes discriminatorias. Por lo tanto, los gobiernos y sus acciones fiscales deben ser pioneros en esquemas que restablezcan las oportunidades históricamente robadas a las mujeres (y otras minorías identitarias). Como tal, los Términos de Referencia (TOR) de la Convención Fiscal en NNUU (UNTC) deben ser activos con el propósito de poner fin a todas las formas de discriminación, violencia y cualquier práctica nociva contra las mujeres y las niñas en el mundo.

Actualmente, la mayoría de mujeres y hombres supuestamente pagan impuestos bajo las mismas reglas. Sin embargo, la estructura de los sistemas tributarios y la distribución sexual del trabajo generan dinámicas económicas que hacen que los impuestos causen impactos diferenciados, a través de sesgos de género tanto explícitos como implícitos. Por lo tanto, instamos a los líderes de los países a promover el enfoque de género, junto con otros cambios estructurales sugeridos, para un organismo fiscal global liderado por Naciones Unidas. Esto se desarrolla con más detalle en una presentación conjunta realizada por un grupo de defensores de género e impuestos.

La importancia crucial de esta necesidad se destacó especialmente durante la pandemia. En ese momento, las mujeres necesitaban al mundo tanto como éste dependía de nosotras para brindarles cuidados: las cuarentenas permitieron que la violencia doméstica se quintuplicara y la carga de trabajo de cuidado aumentara significativamente. Claro, hubo “acciones” de la esfera pública para mitigar esto (más de 1000 intervenciones reportadas), pero estas solo representaron el 15% del gasto total de Covid-19. Por lo tanto, necesitamos políticas fiscales que proporcionen recursos suficientes para responder a estas cuestiones y exijan un enfoque de género en su aplicación, para que hombres y mujeres podamos disfrutar de nuestros derechos por igual.

Los sistemas fiscales pueden y deben guiar a nuestros países hacia mercados laborales más humanos y responsables. Las intervenciones públicas necesitan recursos sostenidos y suficientes para garantizar que los trabajadores y trabajadoras, en toda su diversidad sean compensados con condiciones dignas y garantías mínimas. Los sistemas fiscales, con su poder de movilización de recursos y orientación conductual, son cruciales para que los países aborden la injusta organización social que asigna el trabajo doméstico y de cuidados a las mujeres (injustamente remunerado, en el mejor de los casos, no remunerado para la mayoría), reconociendo que el funcionamiento de nuestros las sociedades dependen de ello.

Nuestros sistemas fiscales deben comenzar a liderar la corrección de estas brechas, externalidades e ineficiencias sociales en materia de discriminación de género. De lo contrario, el mundo corre el riesgo de perder lo logrado durante años de lucha contra la exclusión sistemática de las mujeres.

Recomendamos que la UNTC defienda medidas fiscales globales sensibles a las desigualdades de género y promueva marcos regulatorios fiscales que ayuden a lograr el reconocimiento de las mujeres en toda nuestra diversidad. Asimismo, recomendamos adoptar estrategias interseccionales que respondan a nuestras necesidades específicas, centrándonos particularmente en la feminización del tiempo y la pobreza económica.

Alcanzar realidades más justas y un desarrollo igualitario para todos y todas requiere coherencia y compromiso por parte de las políticas y sistemas tributarios globales. El proceso de la UNTC y los TdR resultantes no pueden ignorar su responsabilidad de eliminar la discriminación de género y promover medidas afirmativas que impulsen al mundo hacia una distribución adecuada del poder económico entre hombres y mujeres. Es hora de que el sistema tributario global reconozca su papel al brindar oportunidades para que las mujeres de las generaciones presentes y futuras vean materializados nuestros sueños de un mundo inclusivo y centrado en la vida.

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