Estándares globales para gravar grandes patrimonios dejan fuera a la mayoría de los ricos de América Latina, pues están diseñados para aplicarlos en países de ingresos altos, advierte nuevo informe de Latindadd.
Los estándares globales promovidos actualmente para gravar los grandes patrimonios —especialmente los basados en fortunas superiores a los cien y mil millones de dólares— no servirían para América Latina y, aplicados sin adaptación, no tocarían a la mayoría de los patrimonios relevantes de la región. Esta es una de las conclusiones del nuevo estudio de Latindadd “Impuestos a la riqueza, a los ricos y a las grandes fortunas: elementos críticos y aportes de justicia fiscal desde América Latina para las discusiones globales”.
El informe analiza los umbrales internacionales diseñados para fijar un impuesto a las grandes fortunas y advierte que, de aplicarse en América Latina, no lograrían gravar la realidad patrimonial de la región, pudiendo incluso erosionar la progresividad que buscan promover. Latindadd señala que el estándar internacional más difundido, que sugiere gravar a quienes poseen patrimonios netos o superiores a los USD 100 millones, no permite identificar a los grandes acaudalados latinoamericanos, ya que la estructura y composición de la riqueza en la región es distinta.
En América Latina, 1 % más rico de la región concentra más del 35 % de la riqueza total, una cifra superior a la registrada en regiones menos desiguales. Además, existen entre 587 000 y 900 000 personas con patrimonios superiores al millón de dólares, y alrededor de 14 000 individuos con más de 30 millones de patrimonio personal. Sin embargo, el número de personas que alcanzan los 100 millones —umbral utilizado en los estándares globales— es extremadamente reducido: en varios países, menos del 0,002 % de la población entraría en la categoría de centimillonarios, lo que evidencia que un impuesto diseñado solo para ese grupo tendría un impacto muy marginal en las economías latinoamericanas.
En algunos países, la proporción de personas que entrarían en la categoría de centimillonarios es tan baja que el impuesto recaería prácticamente en nadie. Y cuando se trata de milmillonarios, el universo es aún más reducido y concentrado en muy pocos países, lo que vuelve inoperante el diseño global como herramienta para combatir la desigualdad en la región.
Los que más tienen son los que más evaden
Según el nuevo informe, la tasa efectiva total de impuestos personales que pagan los milmillonarios en países de ingresos altos se sitúa apenas alrededor del 0,6 % de su patrimonio anual. Aunque pueda parecer un porcentaje razonable a primera vista, resulta marginal cuando se compara con el retorno promedio de la riqueza de este grupo, que asciende a 7,6 % al año. El crecimiento patrimonial supera ampliamente cualquier obligación fiscal.
Para América Latina, esta realidad global tiene implicancias directas. La región concentra alrededor del 1 % de los millonarios del mundo, pero carece de mecanismos tributarios que permitan gravarlos de manera efectiva. El informe de Latindadd resalta que la combinación de tasas extremadamente bajas, evasión, elusión y opacidad financiera contribuye a perpetuar que quienes concentran la mayor riqueza apenas contribuyen al financiamiento público.
El informe también señala que la arquitectura tributaria latinoamericana está marcada por la regresividad. En 2022, solo 30 % de la recaudación tributaria provino de impuestos a la renta y al patrimonio, mientras que los impuestos al consumo (los más regresivos, que afectan proporcionalmente más a los sectores de menores ingresos) representaron el 47 % del total. Es decir, los sistemas tributarios de la región cargan más peso sobre la población que menos tiene y liberan a quienes poseen grandes fortunas.
Además, muy pocos países latinoamericanos aplican impuestos sobre el patrimonio neto. Solo Bolivia, Colombia, Uruguay y Venezuela cuentan con impuestos permanentes a la riqueza. El resto de países de la región depende de impuestos fragmentados sobre activos específicos, como prediales o ganancias de capital, que no permiten capturar la riqueza neta real de los individuos más adinerados.
La grave deficiencia de América Latinda es su limitada capacidad institucional: administraciones tributarias con poca digitalización, escaso personal técnico y dificultades para rastrear beneficiarios finales. En este contexto, incluso los impuestos existentes enfrentan enormes obstáculos para ser recaudados eficazmente, lo que limita sustancialmente su impacto redistributivo.
Incluso un impuesto bien diseñado fracasaría si la administración tributaria no puede identificar con precisión los activos, los beneficiarios finales o los ingresos subdeclarados. Por ello, el informe indica que, sin un fortalecimiento institucional, cualquier intento de impuesto a los ultra ricos será meramente declarativo.
Este estudio es una herramienta de análisis para el debate global sobre justicia fiscal, el cual no puede ignorar las particularidades estructurales de América Latina. Si los estándares internacionales siguen diseñados a imagen de los patrimonios del Norte global, la región continuará atrapada en un modelo de extrema desigualdad y baja recaudación.


