Carola Mejía *
Del 30 de junio al 3 de julio, la ciudad de Sevilla fue sede de la Cuarta Conferencia sobre Financiamiento para el Desarrollo (FfD4). Se trataba de una oportunidad crucial para replantear la arquitectura financiera internacional en un contexto de crisis múltiples. Pero el resultado decepcionó: el documento llamado “Compromiso de Sevilla”, negociado de antemano, carece de ambición y no plantea transformaciones de fondo.
A diferencia de las conferencias climáticas (COP), la participación de la sociedad civil fue mínima. En cambio, el sector privado tuvo protagonismo con su propio “Business Forum” previo al evento. Esto refleja la apuesta de muchos países del Norte por defender el statu quo: el sistema financiero actual, el poder corporativo y las falsas soluciones ante la emergencia global.
¿Dónde quedó la justicia climática?
Las organizaciones de la sociedad civil esperábamos que la dimensión ecológica fuera transversal en la agenda de financiamiento. Sin embargo, la crisis climática y de biodiversidad, que son consecuencia directa de sistemas económicos neocoloniales y extractivistas, apenas fueron mencionadas en el debate central.
El Compromiso de Sevilla aborda los temas ambientales de forma superficial. Se limita a citar acuerdos internacionales como la Convención Marco sobre Cambio Climático, pero sin comprometer recursos públicos reales, ni mecanismos que no generen más deuda al Sur Global.
Aunque se incluyó el principio de Responsabilidades Comunes pero Diferenciadas (CBDR), este fue manipulado por los países del Norte como moneda de cambio para frenar propuestas como la creación de una Convención sobre Deuda Soberana. Una jugada inaceptable.
Aún más preocupante es el impulso a “soluciones” que ya han demostrado su ineficacia: canjes de deuda por naturaleza, financiamiento climático basado en inversión privada, y el protagonismo de los bancos multilaterales que continúan financiando industrias contaminantes.
El Sur Global, otra vez marginado
La transición energética no puede reproducir los errores del pasado. El Sur Global no debe ser visto como proveedor de minerales críticos para tecnologías limpias sin condiciones justas ni garantías ambientales. Urge transformar los sistemas económicos y poner en el centro los derechos de las comunidades, de la naturaleza y de los pueblos que resisten en la primera línea de la crisis.
Nada de esto fue incluido en el documento de Sevilla. Tampoco se consideró el retiro de Estados Unidos del proceso FfD4 y su histórica falta de compromiso con la financiación climática. Como mayor deudor ecológico, su ausencia debilita los acuerdos globales y ya ha provocado que algunos países europeos redirijan fondos hacia gastos militares.
El documento propone elevar el financiamiento climático a 1,3 billones de dólares anuales mediante el “Proceso de Bakú a Belén”, pero no establece diferencias entre países responsables de la crisis y los más afectados por ella. Ignora así el principio de justicia climática.
Camino a Belén y Bogotá
La salida de Estados Unidos del proceso FfD4, del Acuerdo de París y de otros foros de la ONU representa una amenaza seria con efectos ya visibles. Esta retirada debilita tanto la meta de reducir 43% de las emisiones de gases de efecto invernadero al 2030 —clave para limitar el calentamiento global a 1.5°C— como el financiamiento climático necesario para enfrentar sus impactos, que afectan de forma desproporcionada al Sur Global y a poblaciones históricamente marginadas.
Como principal deudor climático y ecológico, EE.UU. está socavando los compromisos globales, provocando reacciones adversas como la decisión de varios países europeos de redirigir fondos hacia el gasto militar, en detrimento del desarrollo sostenible.
El “Compromiso de Sevilla” plantea un aumento del financiamiento climático basado en los acuerdos de la COP29 (300 mil millones de dólares anuales) y propone, a través del “Proceso de Bakú a Belén”, escalarlo a 1,3 billones. Sin embargo, ignora el principio de justicia climática al no diferenciar entre responsabilidades históricas y vulnerabilidades.
A pesar del retroceso, Sevilla nos deja una tarea urgente: reforzar la incidencia articulada en justicia climática, económica y fiscal, rumbo a la COP30 en la Amazonía y la V Cumbre de Presidentes Amazónicos en Bogotá. Ambos espacios deben impulsar compromisos reales, centrados en los pueblos y la naturaleza.
* Carola Mejía Silva es coordinadora del área de Justicia Climática, Transiciones y Amazonía de Latindadd




