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Canjes de deuda por clima: pros, contras y desafíos

Los canjes de deuda han ganado apoyo internacional en las proximidades de la COP28. Muchas organizaciones los ven como una solución ingeniosa para aumentar los fondos destinados a los países del Sur para el gasto en clima y biodiversidad. Se consideran ingeniosos porque capitalizan las enormes cantidades de deuda que los países del Sur deben a los acreedores del Norte. Sin embargo, nuestro informe sobre los canjes de deuda por clima plantea serias preocupaciones sobre la conveniencia de estos acuerdos. Estas observaciones hacen eco de las críticas hechas sobre los canjes de deuda por muchas otras organizaciones, incluido un próximo informe a profundidad sobre los canjes de deuda elaborado por Eurodad. Para quienes promueven tanto la justicia de deuda y climática, los canjes de deuda deben ser denunciados o deben reformarse y manejarse con cuidado para que funcionen en interés de los países del Sur y no en los intereses de los acreedores y las organizaciones internacionales de financiación de la conservación.

Descripción

En nuestro informe describimos que existen varios tipos de canjes de deuda y que han evolucionado considerablemente desde que se utilizaron por primera vez a finales de los años ochenta. La complejidad y la amplia gama de canjes de deuda hacen que sea bastante difícil describirlos de manera sucinta, lo cual es un problema porque muchas personas están confundidas acerca de cómo funcionan y cuáles son sus impactos.

Un tipo de canje se centra en las deudas de los países del Sur con inversores privados, también conocidos como swaps comerciales. Estos son utilizados exclusivamente por organizaciones estadounidenses de financiación de la conservación, como The Nature Conservancy (TNC). En los últimos años, estas organizaciones estadounidenses han refinanciado más de 2.500 millones de dólares en bonos soberanos a cambio de promesas de conservación marina en Belice, Barbados, Ecuador y Gabón. Estos ‘canjes de deuda por océanos’ son transacciones complejas que involucran a organizaciones conservacionistas estadounidenses que trabajan en asociación con bancos de inversión, bancos regionales multilaterales y/o el gobierno estadounidense para recaudar capital a través de ‘bonos azules’. Este dinero luego se presta a los países del Sur, en parte para financiar planes de recompra de deuda. Los ahorros de estos acuerdos para los países del Sur se transfieren luego a la organización conservacionista estadounidense para que los gaste en proyectos en el país deudor a través de fondos bajo propiedad y gestión privada. Los contratos de estos intercambios también incluyen compromisos legalmente vinculantes por parte de los gobiernos de declarar el 30% de los océanos como áreas marinas protegidas, cumpliendo así una ambición clave del Acuerdo de Biodiversidad de la ONU de 2022. El incumplimiento de este contrato da lugar al pago de multas a favor de la organización conservacionista estadounidense.

Otro tipo de canje de deuda involucra las deudas contraídas con gobiernos extranjeros (canjes de deuda pública) que se originan en préstamos para el desarrollo, por ejemplo. Los gobiernos extranjeros acuerdan cancelar parte de la deuda que se les debe con la condición de que los países gasten todo (o parte) de este dinero en proyectos social o ambientalmente beneficiosos, según lo determine el donante. Luego existen acuerdos híbridos en los que las organizaciones conservacionistas estadounidenses compran deuda de donantes bilaterales y los donantes bilaterales financian en parte planes de recompra de deuda contraída con prestamistas comerciales.

Superficialmente, todos estos tipos de acuerdos parecen atractivos: reducir el monto de la deuda de los países del Sur, aumentar el gasto en proyectos social y ambientalmente deseables y lograr que los gobiernos del Sur se comprometan a realizar cambios políticos positivos. ¿Entonces cuáles son los problemas? Para simplificar, se consideran estos tres temas:

  • En primer lugar, la capacidad de estos canjes de deuda de aliviar a los países del Sur de la carga del servicio de la deuda externa es habitualmente exagerada y tergiversada. Si bien algunos canjes incluyen un elemento de cancelación genuina de la deuda, la mayoría simplemente cambia una deuda gubernamental por otra. Los grandes intercambios instigados por las organizaciones estadounidenses de financiación de la conservación también conllevan costos adicionales sustanciales, incluidos altos honorarios de gestión y ganancias para los intermediarios. En algunos casos, los nuevos préstamos emitidos a los países vienen con cláusulas más restrictivas que los bonos que están retirando. Las promesas que hacen los países, como la ampliación de las áreas marinas protegidas, también son costosas de cumplir y no se justifican por las cantidades ahorradas en estos acuerdos.
  • En segundo lugar, los canjes de deuda son en su mayoría procesos dirigidos por los acreedores e implican poco sacrificio de su parte, lo cual es objetable dado su papel en la creación y beneficio del endeudamiento de los países del Sur y, dada la deuda histórica ecológica y climática que tienen la mayoría de los países del Norte Global, lo cual debería ser muy relevante para el caso de los acuerdos bilaterales pero que lamentablemente no se está considerando actualmente. Los acuerdos que involucran a acreedores privados terminan proporcionándoles tasas de interés superiores a las del mercado para sus deudas. Los bancos de inversión, como Credit Suisse, que obtienen beneficios sustanciales al concertar nuevos préstamos para financiar recompras de deuda, son los mismos que impulsaron los costosos eurobonos y los préstamos bancarios que crearon los problemas de deuda subyacentes. Para los donantes bilaterales, el valor de los canjes de deuda generalmente se declara como asistencia oficial al desarrollo, lo que significa que reducen la cantidad de dinero que de otro modo habrían gastado en proporcionar financiación climática. Esta es una cuestión crítica si se van a utilizar los canjes de deuda para cumplir promesas sobre financiamiento climático que se supone son adicionales a los esfuerzos actuales. Esto podría permitir a los países del Norte evitar transferencias adicionales y al mismo tiempo permitir que los canjes de deuda se presenten, de manera engañosa, como gestos caritativos, distrayendo también la atención del incumplimiento del actual compromiso de financiación climática asumido en 2009 por los países ricos de movilizar 100 mil millones de dólares anuales para los países en desarrollo.
  • En tercer lugar, los canjes de deuda amenazan la gobernabilidad democrática y pueden perpetuar formas de dominación en los países del Sur por parte de organizaciones extranjeras que no rinden cuentas o son sujetas a instancias de supervisión. Estos problemas se exacerban porque la mayoría de los canjes de deuda han carecido de transparencia, no sólo en términos del dinero intercambiado sino también en cuanto a los contratos y la información sobre las empresas involucradas. Es peculiar que las complicadas transacciones organizadas por las organizaciones estadounidenses de financiación de la conservación se basen en el establecimiento de nuevas empresas registradas en paraísos fiscales extraterritoriales que utilizan financiación pública para reducir los riesgos de las operaciones. La mayoría de los canjes de deuda también vienen con condicionalidades, incluida la transferencia de la responsabilidad de gastar el dinero producido en estos acuerdos a organizaciones financieras de conservación de Estados Unidos o el empleo de empresas de países acreedores para proporcionar servicios. Esto abre los canjes de deuda a formas de abuso, mediante las cuales se permite que los intereses y la ideología de organizaciones extranjeras prevalezcan sobre los de otras, incluidas las comunidades marginadas. En todos los canjes de deuda por océanos no existe documentación pública, ni siquiera para los inversores en estos acuerdos, de en qué se gastará el dinero controlado por las organizaciones conservacionistas estadounidenses.

Teniendo en cuenta estos temas, es comprensible por qué muchas organizaciones que trabajan en la intersección entre deuda y justicia climática desconfían de que se amplíen los canjes de deuda. Los canjes de deuda comercial que involucran a organizaciones estadounidenses de financiación de la conservación, bancos de inversión y empresas globales de gestión de activos, son particularmente controvertidos. Es dudoso confiar en estos actores para reestructurar la deuda y diseñar proyectos de conservación de manera que no terminen beneficiando sus propios intereses creados. También existen preocupaciones válidas de que la opacidad que rodea a estos acuerdos los haga vulnerables a formas de corrupción y fraude. La falta de transparencia y participación pública involucrada no sería tolerada “en casa” por las organizaciones conservacionistas estadounidenses.

Sin embargo, existen puntos de vista alternativos. Si bien es poco probable que los canjes de deuda de forma aislada ofrezcan a los países del Sur una solución sostenible a los problemas de deuda, si se utilizan con cuidado, podrían ser mejores que otros escenarios. El problema de los canjes de deuda es cómo se han diseñado. Enfoques más aceptables para los esquemas de conversión de deuda vinculados al financiamiento climático deben implicar sacrificios más genuinos por parte de los acreedores y usarse para apoyar políticas y planes de transición soberanamente definidos por los países. Esto se justifica no sólo por su papel en la obtención de beneficios de las deudas de los países del Sur, sino también en relación con las incalculables deudas climáticas y ecológicas que adeudan. Los canjes de deuda deben estar libres de condicionalidades y deben basarse en las instituciones existentes de gobernanza democrática, mediante las cuales los más afectados por la crisis climática tengan el control de cómo se utiliza y contabiliza el dinero.

Se espera que estas demandas puedan manifestarse en eventos como la COP 28. De lo contrario, los canjes de deuda seguirán siendo acuerdos divisivos que corren el riesgo de legitimar las deudas odiosas y perpetuar formas de neocolonialismo.

Lee el documento de discusión “Canjes de deuda por clima: ¿pueden alinearse con un enfoque justo de resolución de la deuda y acción climática?”, escrito por los investigadores Daniel Ortega y Andre Standing.

Publicado el 01 de diciembre de 2023