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Brasil va a las urnas en medio de un clima entre el malestar económico y la incertidumbre

Por Nathalie Beghin

La incertidumbre marca la elección brasileña. Lula y Flávio Bolsonaro reúnen las preferencias electorales, de modo que apenas una porción relativamente pequeña del electorado puede decidir el resultado en las urnas este domingo. Lo que se ha visto hasta ahora es ejemplo de una campaña tensa, los acontecimientos alcanzan gran repercusión y en pocas horas pueden influir en quienes todavía no han definido su voto. Para comprender lo que está en juego en estas elecciones hay que mirar también la economía del día a día, el dinero que se destina para comer, el peso de las deudas y la sensación de que las condiciones de vida no mejoran.

Durante su tercer mandato, el presidente Lula volvió a controlar los niveles de hambre heredadas del gobierno de Bolsonaro padre, y el desempleo está en sus niveles más bajos. Sin embargo, estos avances conviven con un malestar que no puede hacerse a un lado apelando solo a los indicadores económicos. Más del 80 % de las familias brasileñas están endeudadas, lo que significa que sus ingresos quedan comprometidos por obligaciones que crecen con tasas de interés altísimas.

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Las apuestas en línea ocupan un lugar particularmente importante en medio de este panorama electoral. Han tenido un impacto tremendo sobre la economía y el bienestar de las familias, ya que un estudio reciente del MADE de la Universidad de São Paulo estimó que el dinero que se jugaba en estas casas online de apuestas desplazó cerca de US$ 30 mil millones de la actividad económica brasileña, solamente en 2025. Son recursos que dejaron de destinarse a alimentos, ropa, servicios, a pequeños negocios y otras formas de consumo, lo que impactaba negativamente en la recaudación tributaria. Un dato importante es que una parte importante del endeudamiento familiar proviene de las apuestas.

Además, el daño es desigual. Perder dinero tiene consecuencias mucho más graves para una familia de bajos ingresos que para una persona rica. Cuando una apuesta compromete la comida, el alquiler o el pago de una deuda bancaria, deja de ser entretenimiento. A ello se suman sus impactos sobre la salud, con gastos en tratamientos contra la depresión y la ansiedad y consecuencias asociadas a las muertes por suicidio. Los hombres jóvenes y pobres son proporcionalmente los más afectados por estos cuadros.

En mi lectura, este fenómeno ayuda a entender por qué las mejoras económicas pueden coexistir con una percepción negativa del presente. Los ingresos adicionales obtenidos gracias a las políticas públicas y a la recuperación del crecimiento se pierden con las apuestas, mientras las deudas siguen aumentando. Esa distancia entre los avances del país y el presupuesto familiar es relevante para comprender el ambiente electoral, aunque todavía no permite atribuirle un efecto concreto sobre el resultado de las urnas.

La prohibición de las apuestas anunciada por Lula debe leerse en ese contexto, junto con el aumento del beneficio de Bolsa Família y las medidas de renegociación de deudas de las familias empobrecidas. Forman parte de un paquete electoral. Pero su importancia reside también en que responden a problemas que afectan directamente la vida de las personas. La prohibición tardó en llegar, pese a que era imperativa y a que la mayoría de la población brasileña está en contra de las apuestas.

Pero el tema de las apuestas es solo una parte de la explicación. Como describen muy bien Laura Carvalho y Guilherme Klein, hay que tener en cuenta en el análisis otros factores, como la comparación que hacen los votantes con el «milagro» de los dos primeros mandatos del presidente Lula, el nivel de renta, que sigue siendo bajo tras una década perdida; una inflación que ha remitido, pero con un nivel de precios aún muy por encima de lo que el consumidor recuerda; la transformación cultural provocada por las redes sociales, que ha creado unas elevadas expectativas de consumo; y, la frustración de una generación con estudios que ha descubierto que el título académico no garantiza el ascenso social.

Además, la extrema derecha se organiza alrededor de lo que el filósofo Marcos Nobre llama el Partido Digital Bolsonarista (PDB). El PDB no es un partido formal, es el núcleo político organizado del ecosistema digital bolsonarista: una estructura de masas que articula militantes, influencers, políticos, comunidades y redes digitales mediante jerarquías y “cadenas de lealtad”. Su fuerza reside precisamente en no estar limitado por una estructura partidaria convencional, lo que le permite actuar a través de distintas siglas, movilizar seguidores y recursos en las plataformas digitales, producir y difundir narrativas y coordinar acciones políticas. Aunque Jair Bolsonaro y su familia ocupan un lugar central en su formación, Nobre sostiene que el PDB adquirió una dinámica propia y puede sobrevivir políticamente a Bolsonaro, disputando liderazgos internos y utilizando los partidos tradicionales como vehículos para competir por el poder institucional.

OPCIÓN FRENTE A LA CRISIS

La decisión electoral exige, también, evaluar la capacidad de cada proyecto para enfrentar nuevas crisis. Eduardo Moreira plantea que los próximos tres a cuatro años estarán marcados por las consecuencias del cambio climático y del super El Niño, las guerras y los impactos de la inteligencia artificial sobre el empleo. Es un horizonte que obliga a preguntarse quién reúne mejores condiciones para proteger a la población y conducir al país en tiempos difíciles.

Mi posición es que Lula tiene mejores condiciones para hacerlo. Durante sus dos primeros mandatos redujo el hambre, el desempleo, las desigualdades de ingresos y la inflación. La experiencia del gobierno de Bolsonaro durante la pandemia ofrece un contraste dramático: Brasil registró más de 716 mil muertes confirmadas por COVID-19 y atravesó una profunda crisis económica y humanitaria. En 2022, 33 millones de personas se encontraban en situación de inseguridad alimentaria grave.

Por eso, describir la disputa como una simple polarización se queda corto. Se enfrentan un proyecto progresista, sostenido por una amplia alianza política, y otro de extrema derecha, cuya referencia económica es el gobierno de Milei en Argentina. Desde mi perspectiva, las diferencias comprometen la defensa de la democracia, los derechos y la soberanía.

Esta elección tiene también una dimensión geopolítica. Considero que las presiones de Estados Unidos sobre la soberanía de Brasil constituyen una interferencia en su democracia. Los aranceles y las amenazas contra el sistema de justicia forman parte de ese escenario, en el que Flávio Bolsonaro ha prometido ceder las tierras raras brasileñas. La orientación del próximo gobierno incidirá, por tanto, sobre el margen del país para defender sus recursos y sus decisiones frente a intereses externos.

Las consecuencias alcanzan a toda América Latina. Brasil es la mayor economía de la región, alberga la mayor parte de la Amazonía y ocupa un lugar central en el Mercosur, los BRICS, el G20 y las negociaciones climáticas. Sus relaciones estratégicas con Estados Unidos y China le dan un peso decisivo en la inserción internacional de la región. Una victoria de Lula podría contribuir a contener el avance de la extrema derecha y fortalecer la cooperación amazónica, la integración regional y las posiciones comunes en los foros multilaterales.

El desafío consiste en conectar ambas dimensiones: responder al malestar de los hogares y sostener un proyecto de democracia y soberanía. La capacidad de Brasil para contribuir a una América Latina más integrada depende también de su respuesta a las necesidades de su población. En estas elecciones se decide quién gobernará el país y qué posibilidades tendrá de defender, junto con la región, sus intereses en un mundo cada vez más conflictivo.

Nathalie Beghin es copresidenta de Latindadd y copresidenta de INESC (Brasil).

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