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Nueva Arquitectura Financiera Pronunciamientos

LATINDADD ante las reuniones de primavera del FMI y Banco Mundial 2024

Cerca del 80 aniversario, y aún lejos de responder al mundo actual

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Con la mirada puesta en el próximo aniversario 80 de las Instituciones de Bretton Woods (IBW), las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial se llevaron a cabo entre el 15 y 20 de abril de 2024 en Washington, DC. Consistente con las casi ocho décadas de existencia de estas instituciones, los resultados apuntan a la ausencia de respuestas sustanciales y decisivas para afrontar la crisis múltiple del mundo, particularmente para las naciones del Sur.

 En un mundo altamente cambiante y –como ha señalado la Directora Gerente del FMI– propenso a crisis, aún persisten la orientación a las políticas, el impulso al PIB y crecimiento económico, refuerzo de los “marcos fiscales creíbles” que profundizan las políticas de austeridad, y abordando la crisis de la deuda desde un enfoque cortoplacista, parcial e insuficiente, como se ha reflejado en la declaración del G7, declaración del presidente del Comité Monetario y Financiero Internacional (IMFC, por sus siglas en inglés), en la rueda de prensa del G20, entre otros.

En la misma línea, los informes principales del FMI, como las perspectivas de la economía mundial, ponen el foco en el crecimiento del PIB como un objetivo en sí mismo; mientras que el Monitor Fiscal resalta el “gran año electoral” y que continúa la habitual promoción de la consolidación fiscal para garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas y “recuperar el margen de maniobra”. No aborda políticas de reducción y reestructuración de deuda como una alternativa para generar espacio fiscal, ni tampoco aumentar el acceso a financiamiento concesional. Los enfoques anteriores se rescatan igualmente en las prioridades de la Agenda de la Política Global de la Directora Gerente del FMI, titulada “Reconstruir, revivir, renovar”, que además incluye como prioridad garantizar que las políticas, conjunto de herramientas de préstamo y gobernanza del FMI se adecuen a los fines perseguidos.

Así, la deuda, la gobernanza de las IBW y el financiamiento climático han estado entre los temas principales durante las recientes reuniones; sin embargo, prevalece el enfoque de corto plazo, no se prevén cambios estructurales y se ratifica que difícilmente estas instituciones podrán responder al mundo actual.

En relación a las vulnerabilidades y crisis de deuda, la única alternativa es el Marco Común del G20 y la mesa redonda mundial sobre la deuda soberana (Global Sovereign Debt Roundtable) que no responden a las necesidades actuales de los países del Sur, porque sigue siendo liderada por acreedores, con fallas en su diseño y no ha resultado en ningún beneficio para los cuatro países que aplicaron hasta el momento. Sus promotores continúan insistiendo en mejorar su funcionamiento, cuando se requiere mayor amplitud y entendimiento para promover cambios transformadores, pensar fuera del Marco Común y promover un marco de resolución de deuda multilateral bajo el auspicio de Naciones Unidas, siendo independiente y democrático, como se ha venido demandando desde las organizaciones de sociedad civil.

Adicionalmente, en una situación de crisis de deuda pública y crecientes necesidades para financiar una recuperación –que aún es desigual y lenta–, retomar el camino hacia los ODS y atender las apremiantes necesidades de la emergencia climática, predomina la reticencia para ampliar y proporcionar acceso a financiamiento concesional para países de ingreso bajo y medio, especialmente respecto a una nueva emisión de Derechos Especiales de Giro (DEG). El foco ha estado sobre la recanalización de los DEG a través del Fondo de Resiliencia y Sostenibilidad del FMI (RST, por sus siglas en inglés) que es utilizado por 18 países. A pesar de alejarse del espíritu con el que se emitieron los DEG, convirtiendo estos recursos en más deuda, tampoco se ha avanzado en modelos de recanalización fuera del FMI, como a través de los bancos de desarrollo regionales. Este llamado ha sido también incluido en los comunicados oficiales del Grupo de los Veinticuatro G24, y del V20 (el grupo de los países vulnerables al cambio climático).

Entre otras medidas relacionadas al endeudamiento, se espera una revisión formal a la política de sobrecargos del FMI que, con falta de transparencia, tiene el desafío de llevar adelante la suspensión y eliminación de esta política innecesaria y perjudicial. No obstante, el riesgo de una revisión que sólo alimente cambios superficiales está latente.

En cuanto a la región, se ha resaltado la “resiliencia” de América Latina y el Caribe (ALC) ante las crisis, pero, una vez más, considerando principalmente el PIB. Asimismo, el impulso al crecimiento potencial formaría parte de la respuesta ante los altos niveles de pobreza y desigualdad. La región enfrenta una nueva década perdida y es necesario incluir vulnerabilidades desde un enfoque multidimensional y atender problemas estructurales como la informalidad del mercado laboral, las brechas y desigualdades incluyendo las de género, pobreza, seguridad alimentaria, alta exposición y poca preparación ante eventos climáticos extremos, entre otros.

La situación parece no tener muchas vías de salida: reducidos espacios fiscales, el acceso a financiamiento en condiciones concesionales es prácticamente nulo debido a la clasificación de ingreso medio o alto para todos los países de ALC, lo que se añade a los riesgos y problemas del endeudamiento público en un contexto de préstamos más costosos que tienen cada vez un mayor peso sobre los presupuestos públicos, no sólo para la deuda externa, sino también deuda interna. El servicio de la deuda alcanza niveles históricos y está desplazando el gasto público social. Aunque las IBW trabajan con todos los países miembro, nuevamente los países de ingreso medio no son mencionados con la urgencia necesaria en esta ocasión.

 Además, los países de ALC, así como otros emergentes, no están adecuadamente representados en la gobernanza de las IBW, lo que ha sido evadido en la 16va revisión de cuotas del FMI, resultando en un incremento equitativo y proporcional del 50% para los países miembro, dilatando el asunto de una redistribución justa y una reconfiguración necesaria en su estructura. No se abordó un cambio en la fórmula de cálculo utilizada. Por otro lado, durante las reuniones, se anunció que en noviembre próximo África Subsahariana ocupará una silla en el Directorio Ejecutivo del FMI para darle mayor representación y voz, medida que sigue siendo marginal en relación con los cambios necesarios.

Finalmente, en la antesala a las reuniones, se reeligió a la actual Directora Gerente el FMI para un nuevo mandato, reafirmando una vez más el “pacto de caballeros” vigente (“gentleman’s agreement”) en un proceso de elección poco transparente. Así, la gobernanza en el FMI permanece inalterada.

 Indiscutiblemente, los temas relacionados a la emergencia climática, la transición energética y el financiamiento para mitigación y adaptación han estado entre los más relevantes de las reuniones. A pesar de las acciones de incidencia y movilización de los movimientos de justicia climática y económica, tanto dentro como fuera de los eventos oficiales, parecen no tener eco sobre los responsables de tomar decisiones y que, además, son los principales causantes de esta crisis.

 En general, las consideraciones de género no son sustancialmente abordadas en las políticas del FMI ni del Banco Mundial. Por ejemplo, en la estrategia de género y la nota de orientación sobre la integración de la perspectiva de género en el FMI no se menciona ni una sola vez a la deuda. Las condicionalidades de sus programas de préstamo, que incluyen medidas de consolidación fiscal y austeridad orientadas a garantizar la sostenibilidad fiscal, invisibilizan sus impactos al no formar parte de los análisis y evaluaciones realizadas. LATINDADD explica los efectos de la austeridad sobre las mujeres y el trabajo no remunerado, resaltando que debe priorizarse la sostenibilidad de vida antes que de la deuda.

 Durante las reuniones de primavera, LATINDADD fue parte de diferentes sesiones de CSPF, así como eventos paralelos y talleres sobre temas relacionados a la arquitectura financiera internacional y la necesidad de una reforma. Se destaca el evento paralelo con representantes del G20 sobre las prioridades y desafíos en materia financiera y económica para la presidencia de Brasil, los paneles sobre cómo abordar la deuda desde una visión feminista, el futuro de los DEG como una herramienta de financiamiento del desarrollo, sobre una transformación de la arquitectura financiera 80 años después de la creación de las IBW, así como otras sesiones posibles soluciones que aborden las crisis de deuda y clima simultáneamente, y la crisis de deuda más allá de la narrativa actual sobre restricciones de liquidez únicamente (‘liquidity squeeze’). La riqueza de los debates y propuestas de sociedad civil se contrapone a la reducida ambición del FMI y del Banco Mundial ante un mundo cambiante y cada vez más desafiante. Ambas instituciones se acercan a su 80 aniversario, con estructuras de gobernanza que sólo refuerzan las asimetrías de poder, y sin capacidad de responder a las necesidades actuales y hacer frente a la crisis múltiple. Los esfuerzos deben orientarse con más razón a la “4ta Conferencia Internacional sobre Financiamiento para el Desarrollo”, que se llevará a cabo en 2025.